¿Que ocurrió?
¿Qué había ocurrido? ¿De dónde había sacado el coronel tan rara propuesta? Estas y otras preguntas más pasaron por la mente del doctor Pons en un segundo pero viendo la satisfacción dibujada en el rostro de algunos congresistas supuso en un momento de gran lucidez que todo ese acto teatral era producto de un bien estudiado plan para que el Presidente del Congreso nacional Dr. Arroyo llegara a la primera magistratura después de pocos meses, por medio de un amigo incondicional suyo como era el doctor Mosquera Narváez; entonces Pons pidió a Solís que le explicara mejor el asunto y este le contestó:
"Mejor será que hable el doctor Arroyo del Río" y tomó asiento. El aludido se levantó y con ese florido verbo que le hiciera famoso como literato explicó a los concurrentes las necesidades del momento y el porque de la conveniencia de designar Ministro de Gobierno al doctor Mosquera Narváez.
"Se necesita un hombre que prepare al país para una elección presidencial futura y nadie más acertado que este médico, sin enemigos ni partidos, que velará por el bien de la Patria". Todos asintieron menos Pons, que estaba indignado e indicó que no aspiraba al poder ni lo ambicionaba o disputaba, pero que si aceptaba el encargo sería sin condiciones. Acto seguido saludó y se fue al Savoy a seguir conversando.
"Se necesita un hombre que prepare al país para una elección presidencial futura y nadie más acertado que este médico, sin enemigos ni partidos, que velará por el bien de la Patria". Todos asintieron menos Pons, que estaba indignado e indicó que no aspiraba al poder ni lo ambicionaba o disputaba, pero que si aceptaba el encargo sería sin condiciones. Acto seguido saludó y se fue al Savoy a seguir conversando.
Perdón, señores, dijo uno de los presentes, cuando quedaron solos en casa del comandante Plaza. "Aquí ha pasado algo que debemos componer. El doctor Pons nos ha hablado con palabras de verdad, si él se encarga del mando lo hará sin compromisos, no podemos exigirle nombramientos: ¡El sabrá lo que hace!”
Los congresistas se opusieron y pedían que otro fuera el encargado; mas, algunos militares, conscientes de la gravedad de la situación, decidieron que Solís no era el llamado a exigir en nombre del Ejército y el pobre pagó su torpeza renunciando la Jefatura General. Desde ese momento la posición del doctor Arroyo del Río se tornó cada vez más difícil, porque habiendo opinado por la fórmula legal no podía oponerse a ella y al fin terminó por aceptarla. A las 3 de la mañana otra comisión salió con dirección al Savoy y acompañó al doctor Pons al Palacio Presidencial donde firmó su primer decreto encargándose de la Presidencia Constitucional de la República del Ecuador.

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